El mercado del anime en crisis: Los otakus sufren por los aranceles de Trump
Las nuevas políticas de Trump han provocado que Japan Post suspenda envíos de anime a EE. UU.
El mundo de la política y el coleccionismo otaku acaban de colisionar de la peor manera posible. Las recientes políticas comerciales del presidente Donald Trump han desatado un auténtico caos logístico, provocando que los fanáticos del anime en Estados Unidos se queden sin sus preciadas figuras y mercancía importada. Con la entrada en vigor de los nuevos aranceles, el flujo de "waifus" de plástico y cajas de merch se ha detenido en seco, desatando el pánico en la comunidad.

El problema: Tu figura japonesa está hecha en China
La raíz de esta crisis radica en las estrictas medidas impuestas contra las importaciones. Aunque las figuras de franquicias como Dragon Ball o Sailor Moon son diseñadas y comercializadas por empresas japonesas, la abrumadora mayoría se manufactura en fábricas chinas. Esto las convierte en blanco directo de los nuevos aranceles estadounidenses, que eliminan exenciones previas y aplican impuestos brutales a artículos con un valor superior a los 100 dólares.
Ante la imposibilidad de procesar estos cobros de manera eficiente y el caos en las aduanas, Japan Post (el servicio postal de Japón) tomó la drástica decisión de suspender los envíos internacionales hacia Estados Unidos para paquetes con un valor superior a los 10,000 yenes (unos 65 dólares). Esto ha paralizado por completo las operaciones económicas y de envío de gigantes de la exportación otaku como AmiAmi y Good Smile Company, dejando miles de pedidos en un limbo logístico indefinido.

"Votamos por él y nos quitó el anime"
Las redes sociales en Estados Unidos son un hervidero de quejas, lamentos y muchísima ironía. Mientras algunos fanáticos acusan a la administración de tener un "odio irracional hacia los nerds", otros usuarios de la comunidad señalan la amarga ironía de la situación: gran parte del sector demográfico que consume estos productos apoyó las medidas proteccionistas en las urnas, sin prever que terminarían pagando el precio al intentar importar sus figuras a escala.
El impacto no es un chiste para la industria nipona. El mercado global de mercancía de anime superó los 20,000 millones de dólares en 2025, y Estados Unidos es uno de sus pilares más gordos. Si las ventas caen porque los fans se niegan a pagar tarifas de envío exorbitantes a través de servicios privados (como DHL o FedEx, que sí operan pero con costos inflados y cobro directo de impuestos de importación), los estudios y creadores en Japón serán los que paguen los platos rotos.
Por ahora, no hay una solución mágica a la vista y los coleccionistas estadounidenses tendrán que conformarse con comprar en tiendas locales a precios de reventa o esperar un milagro diplomático.