Reseña | Fruits Basket – Capítulo 22

avatar Jihye03/09/2019 1

lightbulb_outline ¡Advertencia! Esta reseña sobre Fruits Basket capítulo veintidós contiene spoilers. Si aún no has visto el episodio, te recomiendo que vayas a checarlo y después regreses a leer la reseña.

Fruits Basket capítulo veintidós

“Porque yo era feliz”

Esta semana Fruits Basket capítulo veintidós nos presenta la historia de Hanajima, ya que ella posee habilidades ‘diferentes’ a la de los demás siempre fue socialmente retraída, cosa que evoluciono en un severo caso de bullying. Las cosas solo empeoraron cuando un compañero la molesto al punto de que ella le deseo la muerte, debido a que él realmente colapso ella se empezó a culpar por ello y se alejó aún más del resto. Cuando el bullying empeoro, sus padres decidieron mudarse, dándole así una nueva oportunidad. Esto cambio la vida de Hana por completo pues conoció a Tooru y Outani, sus días se llenaron de felicidad; sin embargo la sombra de su pasado regreso y aunque estuvo a punto de alejarse de nuevo, Tooru y Uo-chan la detuvieron pues sin importar el pasado deseaban estar juntas.

El pecado y el castigo

Anteriormente les conté que Hana es el personaje con quien empatizo más, algunos fragmentos de su historia son inevitables de tomar casi como propios, es excesivamente sencillo identificarse con varios aspectos de su dolor. Evidentemente yo no poseo poderes, quizá ninguno de los lectores de hecho, sin embargo eso no cancela que exista cierta empatía por el deseo de no relacionarse con otros por temor a herirlo o salir herido uno mismo. Pero esto no se trata de mí, sino de Hana y sus elecciones, las cuales la llevaron a cargar con un horrible sentimiento llamado culpa; la culpa es un mal que te consume lentamente, te imposibilita muchas cosas y la más importante es que no te permite ser feliz, ahora bien ¿realmente Hana debía cargar con esa culpa? La respuesta es no, su deseo es innegable, sin embargo nunca hubo verdadera intención en él.

¿Cuál es la diferencia entre deseo e intención? La acción, que deseemos algo en un determinado momento no lo vuelve algo real, se vuelve real cuando lo inyectamos de intención, es decir que hacemos algo para que se vuelva real. Desear la muerte de alguien sin duda es un terrible mal para nuestro corazón, pero son deseos inconscientes que no siempre podemos controlar y eso no significa que debamos castigarnos por ello. Por otro lado, el caso de Hanajima es más extremo pues ella se convenció de que fue su deseo combinado con sus poderes los que hicieron colapsar a aquel niño, en su corazón ella realmente se dibujó un estigma de asesina. Pero es un estigma que solo es visible para ella, porque es imposible comprobar una culpa real; esto la llevo a la peor resolución: si nadie la castigaba por su pecado, ella misma lo haría.

Quienes cambian tu vida

Antes de hablar de cómo el corazón de Hana fue salvado, quizá debamos reflexionar en el estado de su corazón. Hanajima siempre estuvo expuesta al dolor, tener que escuchar pensamientos ajenos no es algo deseable menos aun si es algo que nunca quisiste, pese al amor familiar que siempre la rodeo ella no estuvo exenta de sentirse sola. Sin duda el amor de la familia es preciado y puede ser sanador en muchas cosas, pero eso no quiere decir que dejemos de desear ser aceptados, que anhelemos encontrar un vínculo fuera de ese círculo filial. Hana se alejó de todos, no porque quisiera estar realmente sola sino porque no quería herir a otros o salir herida ella, fuera de su familia nadie sabía de su poder porque temía ser rechazada e incomprendida. Y al final tenemos el asunto de su culpa, y el estigma que se imprimió en su corazón.

Como notaran el estado de su corazón era frágil y estaba muy lastimado, en especial estaba dañado por ella misma. Porque fue ella quien decidió castigarse por ‘su pecado’; fue quien decidió que todo el bullying que recibía era parte de su castigo, que lo merecía. Pero nadie merece eso, y al conocer a Tooru y Outani pudo comprenderlo. No nacimos para sufrir y expiar culpas, nuestro propósito no es el de culparnos y atormentarnos toda una vida; estamos aquí para ser felices, para encontrar gente maravillosa que iluminara nuestro camino.

Hay una frase que adoro por la verdad tan evidente que encierra: “Los seres humanos no somos islas”, esto significa que no vivimos apartados, no estamos hechos para la soledad. Hanajima reflexiona en lo diferente que es la puesta de sol que vio una tarde ella sola y la que vio con Tooru y Uo-chan, mientras que una fue fría y daba miedo, la otra era increíblemente cálida y hermosa. Esa es la sensación de hallar ‘tu lugar’, cuando te sientes completamente pleno y puedes respirar pensando: “Este es el sitio en donde siempre quiero estar”. El amor no tiene medida, no existe una regla que nos haga pensar en que no debemos desear por más, pero nunca debemos olvidar que el amor debe ser retribuido en la misma medida y sin ataduras, porque si es verdadero no las necesitan.

Fruits Basket capítulo veintidós comentario final

Fruits Basket capítulo veintidós ha sido otro episodio dedicado al pasado, a los lazos que se han formado y al valor que estos tienen en cada corazón. Pero no solo es una reflexión al amor filial y a la hermosa experiencia de la verdadera amistad y la aceptación, también se trata de un recuento de lo dañino que es la culpa y lo terrible que puede ser un castigo auto infringido. Tengo que decirlo, este capítulo ha sido mi favorito, la cuidadosa narración y los temas expuestos han sido un detalle difícil de pasar por alto, estamos ante un episodio de introspección difícil de superar. La narrativa en primera persona no suele impactar siempre, pero hay ocasiones como esta en que se vuelve tan personal que resulta casi imposible no empatizar y sentirlo como propio.

Nuevamente estamos ante un episodio ‘inédito’, lo llamo así porque no aparece en la versión del 2001, y tengo que decirles que ha sido un trabajo de adaptación maravilloso. Desde los episodios de Outani se podía notar el amor a la obra original al animar estos capítulos ‘no vistos antes’, quizás algunos deseen una comparación más detallada con el manga, pero no tiene mucho caso pues el anime hasta ahora ha resultado ser muy fiel a su original, salvo tal vez por el orden en que se han ido presentando estos últimos episodios, si en algún momento se amerito una comparación eso fue en el capítulo de Ritsu, el único episodio que sufrió verdaderos cambios. En fin, lo importante es que la fidelidad a la obra de Natsuki Takaya no ha sido comprometida, lo que hace de esta adaptación algo maravilloso.

Finalmente los dejo con mis preguntas de siempre: ¿Qué les ha parecido este episodio? ¿Por qué el castigo auto infringido suele ser más pesado que el que recibimos de otros? En su opinión, ¿desearle la muerte a alguien es motivo suficiente para atormentarnos para siempre?

avatar

Jihye

If I die, please don't cry... Just look up in the sky and say: "Yamete Kudasai".

Mas Noticias Que Te Pueden Interesar
Comentarios 1

lock_outline Inicia sesion o Registrate para poder comentar.

Nivel: 1
San
Publicar
  • Nivel: 1
    San

    Hola Jihye, Me encanto la reseña la ame

    ¿Qué les ha parecido este episodio?
    – Me encanto el Episodio de Principio a fin, me fascino ve a Tooru, Uotani y Hanajima de Niñas
    este episodio fue hermoso llore por lo emotivo que fue y la parte en que me identifico.

    ¿Por qué el castigo auto infringido suele ser más pesado que el que recibimos de otros?
    – Yo creo que porque viene de nosotros mismo suele ser aún más pesados que otros, por el hecho de que a veces nos auto infringido tal dolor que sucumbimos a ese dolor y olvidamos que tenemos que sacudirnos la tierra y seguir adelante

    ¿desearle la muerte a alguien es motivo suficiente para atormentarnos para siempre?
    – No todos somos ser humanos que a veces por cosas tal simple como esta enfado con esa persona le digamos esa horrible palabra: Muérete
    Otra que ser que lastima es: “Desearía no haber nacido” y para la madre: “Desearía que no fuera mi madre”

    para concluir hermosa frase
    “Los seres humanos no somos islas, somos archipiélagos ” – Ismael Cala